Caricias de hielo (Psy-Changeling #3)

Caricias de hielo (Psy-Changeling #3)

Nalini Singh



Flechas


Mercury era una secta. Eso era lo que todo el mundo decía al principio. Los psi se rieron de Catherine y Arif Adelaja cuando afirmaron que eran capaces de librar a su gente de la locura y la furia asesina.

Ser un psi significaba cortejar la locura.

Era algo aceptado.

No existía cura.

Pero entonces Mercury presentó a dos graduados de su primera versión del protocolo del Silencio: los hijos gemelos de los Adelaja. Tendaji y Naeem Adelaja eran tan fríos como el hielo, sus emociones estaban completamente exentas de ira y de locura… durante un tiempo. El experimento acabó fracasando. Las emociones negativas reaparecieron en los gemelos Adelaja de un modo violento y, dieciséis a?os después de ser proclamados los precursores de un nuevo futuro, se suicidaron. Tendaji, el más fuerte de los dos, mató a Naeem y luego puso fin a su vida. No quedó la menor duda de que había sido una decisión consensuada.

Los gemelos dejaron una nota:


Somos una abominación, un cáncer que aniquilará a nuestra gente desde dentro. El Silencio jamás debe echar raíces, jamás debe infiltrarse en la PsiNet.


Perdonadnos.

Sus palabras nunca fueron escuchadas y su terror, jamás comprendido. Tras ser hallados por acólitos de Mercury, se les dio sepultura en una tumba secreta y sus muertes fueron declaradas un accidente. Para entonces, Mercury había comenzado a adiestrar a la segunda generación, perfeccionando la técnica, refinando las herramientas con las que eliminaban las emociones no deseadas del corazón y la locura, del alma. El cambio más importante fue el más discreto: esta vez contaban con el comedido apoyo de los líderes de su raza, el Consejo de los Psi.

Pero también necesitaban otro tipo de apoyo, la clase de respaldo que percibiera otros fallos y errores antes de que se hicieran de dominio público… y llegaran a oídos del todavía escéptico Consejo. Si los consejeros hubieran descubierto que las muertes continuaban produciéndose, se habrían echado atrás. Y los Adelaja no podían soportar la idea de que su sue?o fuera arrojado al cubo de la basura de la historia. Pues, aunque destrozados por la muerte de sus gemelos, Catherine y Arif nunca habían perdido la fe en el Silencio. Y tampoco su hijo mayor: Zaid.

Zaid era un telépata cardinal con unas increíbles dotes para el combate mental. También él se había educado bajo el Silencio, aunque no desde ni?o, sí una vez que alcanzó la edad adulta. A pesar de todo, creía en él. El Protocolo le había liberado de los demonios de su mente y quería difundir ese regalo de paz, mitigar el tormento de su gente. De modo que se ocupó de deshacerse de los errores, de liquidar a aquellos que se quebraban bajo las versiones experimentales del Silencio, sepultando sus vidas con la misma eficiencia con que sepultaba sus cuerpos.

Catherine le llamaba su Flecha Marcial.

Zaid no tardó en reclutar a otros como él. A otros creyentes. Eran solitarios, sombras desconocidas más oscuras que la propia oscuridad, hombres y mujeres cuyo único propósito era el de eliminar cualquier cosa que pudiera amenazar la exitosa consecución del sue?o dorado de Catherine y Arif.

Pasó el tiempo. A?os. Décadas. Zaid Adelaja desapareció de la faz de la tierra, pero el testigo de las Flechas continuó pasando de un acólito a otro y así sucesivamente… hasta que Mercury dejó de existir y a los Adelaja, muertos mucho tiempo atrás, se les consideró unos visionarios.

El protocolo del Silencio se instauró en el a?o 1979.

El Consejo de los Psi fue unánime en su voto, las masas estaban divididas, pero la mayoría estaba a favor. Su gente se mataba entre sí y se suicidaba con una rabia y ausenciade humanidad jamás vista en ninguna otra raza. El Silencio parecía su única esperanza, su única solución para lograr una paz duradera. Pero ?habrían dado ese paso de haber leído las últimas palabras de Tendaji y Naeem? No queda nadie que pueda dar respuesta a esa pregunta.

Como tampoco nadie puede dar respuesta a por qué un Protocolo creado para traer la paz también trajo consigo la violencia más fría y peligrosa imaginable; los rumores sobre el Escuadrón de las Flechas se extendieron tras el proceso de instauración, alimentados por el miedo de las mentes que fracasaban bajo el Silencio. Se decía que aquellos que protestaban demasiado tenían por costumbre desaparecer sin dejar rastro.

Ahora, a finales del a?o 2079, las Flechas son un mito, una leyenda, su existencia o no existencia es un tema inagotable de debate en la PsiNet. Para quienes abogan por la no existencia, el Consejo de los Psi posterior al Silencio es una creación perfecta que nunca haría nada tan turbio como crear un escuadrón secreto para despachar a sus enemigos.

Pero otros no son tan ingenuos.

Hay quienes han visto la cara oscura de las mentes de alto coeficiente marcial que surcan la Red, han sentido el frío glacial de sus espadas psíquicas. Pero, naturalmente, esos no pueden hablar. Aquellos que entran en contacto con el Escuadrón de las Flechas raras veces viven para contarlo.

Las propias Flechas no prestan atención a los rumores, no consideran su ejército secreto como un escuadrón letal. No, han permanecido fieles a su fundador. Solo profesan lealtad al protocolo del Silencio y dedican su vida a garantizar su continuidad.

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