La noche del cazador (Psy-Changeling #1)(9)



—No sabes lo que te pierdes —dijo colocándose demasiado cerca de ella.

Sascha no se movió. Puede que Lucas fuera un alfa acostumbrado a la obediencia, pero ella no era miembro de su clan.

—Todo lo contrario. Me ense?aron la reproducción animal a temprana edad.

él rió entre dientes y Sascha sintió la caricia de su risa en lo más profundo de su ser, allí donde nadie debería ser capaz de llegar.

—?Reproducción animal? Es un modo de llamarlo. ?Lo has probado alguna vez?

Sascha estaba teniendo algunas dificultades para concentrarse en sus palabras con él tan cerca… tan tentador. Olía a peligro, a rebeldía y a pasión, cosas que jamás podría permitirse sentir. Era pura tentación.

—No. ?Por qué iba a hacerlo?

él se inclinó un poco más, casi imperceptiblemente.

—Porque podrías descubrir que al animal que llevas dentro le gusta, encanto.

—Yo no soy tu encanto. —Se quedó paralizada en cuanto pronunció aquellas palabras. Ningún psi habría mordido el anzuelo.

Los ojos de Lucas centellearon desafiantes.

—Quizá pueda hacerte cambiar de opinión.

A pesar de su comentario burlón, sabía que él había notado su desliz y que en esos momentos estaba ponderando qué significaba aquello. No había nada que pudiera hacer para borrarlo, pero podría conducir la conversación hacia el plano puramente profesional.

—?Qué deseabas mostrarme?

La sonrisa pícara que se dibujó en los labios de Lucas hizo trizas sus esperanzas de controlar de nuevo aquella reunión.

—Montones de cosas, encanto. Montones de cosas.

Lucas observó a Sascha moverse por el aparcamiento y se recreó en su persistente sabor, tan cálido y exótico como su historia.

La pantera que se paseaba inquieta en su jaula mental se sentía intrigada por ella y estaba empe?ada en lamerla para comprobar si sabía tan bien como imaginaba.

Aquella piel dorada tentaba a la naturaleza táctil de su alma de cambiante en tanto que esos labios carnosos hacían que deseara mordisquearlos… de un modo totalmente erótico. Todo en ella era una invitación para los sentidos.

Lo que le empujaba a combatir el impulso era saber que debía de tratarse de algún truco psi. ?Habrían descubierto por fin la manera de imponer un control psíquico sobre los cambiantes? Su gente siempre había estado a salvo porque los psi eran demasiado fríos como para averiguar qué era lo que les motivaba. Vida, ansia, sensaciones, contacto, sexo.

No sexo frío y austero como el que había descrito Dorian, sino sexo apasionado, sudoroso, primitivo y lujurioso.

A Lucas le encantaba el olor de las mujeres, tanto humanas como cambiantes, adoraba su suave piel y sus gritos de placer, pero nunca antes se había sentido atraído por uno de sus enemigos. Luchó contra la atracción mientras trazaba la silueta del cuerpo de Sascha con los ojos.

Era alta, pero no espigada. El cuerpo de aquella mujer poseía más curvas peligrosas de lo que debería ser legal en alguien de su raza. A pesar del traje sastre negro y la sobria camisa blanca que vestía como una coraza profesional, podía apreciar que sus pechos rebosarían sus manos. Y cuando ella se inclinó para examinar algo que había en el suelo, Lucas estuvo a punto de sucumbir a los impulsos de su bestia. La curva de sus caderas era sensualmente femenina; su trasero en forma de corazón, toda una tentación.

Sascha volvió la cabeza como si respondiera a su penetrante mirada y, a pesar de la distancia que los separaba, casi pudo saborear la sofisticada sensualidad que intentaba sepultar. Aquellos pensamientos le hicieron fruncir el ce?o cuando comenzó a caminar hacia ella. Los psi no eran criaturas sensuales. Eran seres mecánicos, tanto como era posible sin llegar a perder del todo su humanidad. Pero había algo diferente en ella, algo a lo que deseaba hincarle el diente.

—?Por qué has elegido esta parcela? —preguntó cuando él se aproximó. Sus estrellados ojos negros le observaron sin parpadear.

—Se rumorea que las chispas blancas de los ojos de un cardinal pueden adquirir un millar de colores en ciertas circunstancias. —Observó su rostro con atención en busca de una respuesta al enigma que representaba aquella mujer— ?Es cierto?

—No. Los ojos de un cardinal pueden volverse completamente negros, pero eso es todo. —Apartó la mirada y Lucas deseó creer que era debido a que le encontraba perturbador para sus sentidos. A la pantera le irritaba sentirse fascinado por ella mientras que ella permanecía impávida—. Háblame de estos terrenos.

—Es una propiedad de los cambiantes de primera calidad… a una hora más o menos de la ciudad, en una zona lo bastante boscosa como para alegrar el alma.

Lucas bajó la mirada a su anodina trenza. El impulso de alargar la mano y tirar de ella era tan fuerte que no se molestó en resistirse a él.

Sacha se apartó bruscamente.

—?Qué estás haciendo?

—Deseaba sentir cómo es tu cabello.

La sensación táctil era tan necesaria para él como el respirar.

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